jueves, 30 de junio de 2016

Almadia, un año después (¿o un día?)

La he "tomado prestada" porque es impresionante. Existe en Almadia una 
hechicera que adivina el futuro y muchas veces acierta. Lo sabemos porque cuando acampan los elfos venidos de la Tierra Media y nos cuentan de lo que fue, suelen coincidir en los relatos. Mírenlos: allí están Gandalf y Frodo, tal como  los percibió la maga y relataron los elfos.
Cuando vengan ustedes a Almadia, les aconsejo traer consigo una pregunta, una inquietud, de esas que entienden que nadie podrá resolver fácilmente. Se sorprenderán al comprobar que en Almadia la dicha es casi perfecta porque, con excepción de la añoranza, todo se puede saber o suponer. Es hermoso conocerlo todo y al mismo tiempo saber que no se sabe aún nada.
Al fin y al cabo, Almadia está en Núménor.

miércoles, 3 de junio de 2015

Hacia el horizonte

Mirar a Occidente. No es costumbre inveterada que la añoranza consolida. Es intuición de verdad y belleza. Ni el canto de las gaviotas es otra cosa que el sonido de lo anhelado al otro lado del mar. He auscultado durante mucho tiempo hacia Occidente y han cambiado las estaciones, han pasado los años, han ido y regresado los barcos que se hicieron a la mar, han llegado y se han ido miles de olas perezosas... Pero el horizonte permanece impenetrable. Es la hora de zarpar. Es la hora de reconocer que Occidente no vendrá: deberemos traerlo. Y alistamos aparejos, revisamos mapas, aseguramos itinerarios, acopiamos vituallas... Más allá espera lo que de real tienen historia y promesa. Almadia será siempre punto de partida y punto de llegada. Pero nuestro corazón estará siempre en el Occidente.

Como un salto al vacío: así será siempre vivir en la libertad de elegir lo que hay más allá de todo horizonte. Quiero lo que más allá del mar es más firme y más seguro que todos los sueños: la libertad interior.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Diciembre en Almadia

No es un mes más. En Númènor cada día es un momento, casi cada hora. Estoy entre los acantilados y el mar. Momento porque cada día, cada hora se vive intensamente para adentro. Aparentemente no hay nada que urja, pero en el alma hay exigencias de belleza que conminan a guardar silencio y contemplar. Diciembre evoca un futuro promisorio; no sólo el del año que viene sino el de las edades del mundo: Arda restaurada, los pueblos libres de la tierra unidos para una última batalla, el anillo único destruído... La eucatástrofe perfecta. Feliz Navidad!

martes, 7 de octubre de 2014

Estrellas de Hollywood

Almadia no es caparazón ni refugio caprichoso. Se diría que estoy siempre en Almadia aunque me concentre en ella sólo esporádicamente, como ahora. Sé que estoy  físicamente solo, pero la razón de mi estadía son los otros, con los que me encuentro cotidianamente en Almadia o desde Almadia. Por eso decido ahora referir mis experiencias más personales cada vez que esté en estas playas. Así podré sentir que me dedico a todos, al menos a cuantos me suelen escuchar. Cada uno tiene mucho que decir. Pero no siempre estamos dispuestos, menos ahora. Hacemos muchos, hablamos mucho pero hacia afuera y para afuera. Nuestra intimidad no suele estar presente, y la amistad lo exige.
Empiezo hoy, pues, a referirme; con el deseo de animar a los demás a meditar sobre estas reflexiones en voz alta. Hoy serán mis tres "estrellas de Hollywood", como suelo llamarlos, los que me darán pie a estas divagaciones. 
Joseph Mazello, Roberto Bolle y Juan Diego Flores: el uno por ser honesto en medio del fragor de la batalla; el otro por tener la fuerza y la sencillez del "humilde divo"; el tercero, por su capacidad de servicio. En Almadia estarían muy a gusto: el primero por reconocerlo como un lugar en que se reparan las fuerzas; Roberto, por su capacidad de gustar de la belleza; y Juan Diego porque el mar despierta horizontes más altos. Hoy les presento a Josehp: niño prodigio junto a Elijah Wood en una antigua película (muy simple) como fue Radio Flayer; desconcertado en Jurasick Park; protagonista en la serie The Pacific .  Comparsa en Red social. Aqui está.
 
He dicho honesto; me parece poco. Ha aguantado las mareas de estos años de estrella, a pie firma. Ojalá perseveré pues nos hacen falta valores así.

miércoles, 11 de junio de 2014

Otra vez en Almadia

He venido corriendo. Extraño este lugar. No sé si es la brisa, el oleaje, las gaviotas, el silencio, la blancura de la arena...o todo esto a la vez. Vengo no cuando huyo (no parece que hubiera de qué huir) sino cuando la nostalgia de Almadia aprisiona el tiempo. Vengo porque vengo, pero impelido por la necesidad de venir. Almadia me sorprende cada vez porque cada vez también me recuerda la alegría de los elfos, su sabiduría y su nostalgia. Los barcos que llegaron hasta aquí en otro tiempo trajeron a muchos de ellos buscando saber más de la Tierra Media, de Númenór en concreto. Recogieron perlas, escucharon caracolas, se envolvieron en vientos salinos, se bañaron de luz de sol, y cuando ya parecían colmados, volvieron la vista hacia el Oeste y decidieron regresar. Los llamaba Aerendil. ¡Cómo cuesta marcharse! Pero en la Tierra Media hay muchos parajes y cada uno tiene el suyo. Desandaré el camino; mejor, continuaré el que me toca, sabiendo, como Bilbo, que "el camino sigue y sigue". Al llegar a mi Comarca personal, empezaré a preparar el retorno.

viernes, 25 de abril de 2014

El puerto de la esperanza

Así debió ser por incontables generaciones. Almadia es luz, es cercanía. Es también esplendor discreto y apacible. Es un encanto fascinante hecho de silencios y perfumes. En el horizonte se perfilan los misterios develados y en sus playas se escuchan siempre los ecos de las risas de numerosos elfos que desembarcaron aquí, cuando el tiempo aún no había empezado a contarse.
Pero estar en Almadia no es suspender la vida. En sus muelles, numerosas embarcaciones invitan a zarpar mar adentro. Las gentes de Almadia, habituadas a tanto esplendor, animan a los indecisos a probar fortuna en alta mar: descubrir un inusitado islote; cruzarse con algún velero que vuelve del Oeste; perderse... Porque en Almadia todo es poderoso: hasta la eventualidad de no volver resulta apasionante. Porque como afirman unánimes sus habitantes, tal vez partir sin regresar significa encontrar lo que se hubo buscado hasta entonces, sin éxito. La esperanza esta siempre a flor de piel en Almadia, la fascinante, la esplendente.

miércoles, 29 de enero de 2014

Verano en Rivendel

Verano en Rivendel. Aunque Tolkien haga referencia a las estaciones del año, nunca -desde mi perspectiva- se presentan estas como definitorias de situaciones dramáticas esenciales para el relato. Si acaso, señalan un derrotero, como acompañando la acción pero no dirigiéndola. Verano en Rivendel significa ahora compás de espera. No tedio, ya que según Polo"el tedio es una situación afectiva promovida por cosas sin valor" o también puede ser "una situación general del alma: uno se encuentra aburrido; no tiene ganas de nada. De esta manera desaparece la situación de interés...Si desaparece la dimensión subjetiva del interés, se anula lo interesante; también puede resultar que lo interesante no responda al interés, como ocurre cuando se hace amenazador. Interesarse es uno de los grandes afectos humanos, que no debe confundirse con un sentimiento".
Verano en Rivendel: hay muchas cosas  que impiden el tedio o el aburrimiento, aunque el ambiente general sea más pausado que de costumbre y las horas se hagan largas. Rivendel no admite el desinterés. Sin embargo Gandalf debe volver a desaparecer para dirigirse a La Comarca, en donde le esperan algunos asuntos. En Rivendel deja en preparación un encuentro entre algunos deseosos en conformar una Compañía que podría denominarse Los Guardianes del Libro Rojo de La Comarca. Como en otros tiempos Bilbo, ahora estos quieren asumir la responsabilidad de trasmitir fielmente historias, tradiciones, sucesos de la Tierra Media.
Interesarse es la primera manifestación de que algo va a salir bien.